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Donde estarán los amigos de ayer

Viborianus

Victoriano Robles Cruz

Donde estarán los amigos de ayer

loboslamendoheridaLa vida después de la guerra es totalmente diferente, cualquier cosa puede pasar. Otros se cuestionan: ¿sí hay vida después de la guerra? Por lo regular quienes sobreviven no logran una armonía interior, las cicatrices psicológicas son profundas, y vuelven a abrirse con los recuerdos, en la valoración respectiva de la derrota. Honrar a los vencidos tampoco ha sido, ni es, una conducta de los contendientes, sólo de los grandes guerreros. Honrar la valentía de los dominados merece otro espíritu, otra dimensión de personaje.

La derrota no tiene paternidad, porque los contendientes no están hechos para las derrotas, pueden sí ser destruidos, pero, derrotados nunca. ¿Quién puede presumir que está hecho para la derrota? Solamente aquel que, sigue empecinado con sus caprichos y pensamientos aferrados, porque cree estar bien. ¡Aunque la mayoría lo repruebe! Entonces, uno o varios, se cuestionan: ¿por qué no hacer gloriosa la derrota, no será la misma gloria una u otra?

Y refiriéndonos a esa cualidad, quizá solamente la podamos encontrar en congruencia con la misma dimensión del personaje. Jorge Luis Borges (1899-1986), uno de los distinguidos escritores argentinos nos dejó, como herencia, esta bonita expresión: “Hay derrotas que tienen más dignidad que la victoria”. No sé si esta pueda ser aplicada a los derrotados del 1 julio en Quintana Roo. ¡No creemos!

¿Dónde andarán los reprobados por la ciudadanía quintanarroense? ¿Cuál es el propósito de esconderse después de esa dolorosa respuesta del electorado? ¿Será continúan evaluando su real desempeño? ¿Será sinónimo del desconocimiento real de la valoración ciudadana? Para muchos fue la crónica de una derrota anunciada. Solamente los soplanucas les llenaban de halagos y falsedades, algunos por el clásico mercenarismo, otros, por el simple deseo de marrullería… la lambisconería como una condición para vivir o sobrevivir.

En la tranquilidad de la laguna de Bacalar, un apreciado profesional nos comentaba de la humillación que sufriera, por su honestidad; para responder al cuestionamiento del candidato, amigo suyo. Aquel, le pregunto su apreciación por el sentir de los electores para con su candidatura. Con claridad ofreció su respuesta, trasmitiéndole que sus posibilidades podrían ser diferentes a la percepción de su núcleo político. Qué debería buscar otras opciones de mejor efectividad, sumar a otros personajes al trabajo, no le parecían de mucha lealtad quienes ahora le acompañaban, los riesgos crecían por la falta de conocimiento de la realidad, y otros factores como el acompañarse de legisladores con licencia temporal y hacer el trabajo de Juan José de los Reyes Martínez Amaro, mejor conocido como El Pípila. Al término de la reunión fue regañado y humillado soezmente. En sus adentros le quedó: ¿Para qué me pregunta y busca mi sinceridad? Su honesto presentimiento fue confirmado por los quintanarroenses de forma abrumadora el 1 de julio. Ahora, su compañero aspirante, después de la derrota, no del fracaso total, ni lo ha vuelto a ver, ni le contesta las llamadas, la comunicación con el supuesto amigo se ha perdido, él acaricia que sea temporal. Se pregunta: ¿dónde estarán los amigos de ayer?, nos recuerda el título de una melodía de Pablo Milanés.

Será real aquella expresión popular de estar “lamiéndose las heridas” en clara referencia a los animales, después de sus feroces luchas; la de ahora permanecer ocultos temporalmente, para recuperase de algo que ha producido dolor, de estar asimilando la derrota obtenida. ¡Analogía para un guion sentimental! la mujer se une a un hombre destrozado y herido por una relación recién terminada, por lo general, ha tenido un final dramático. De este modo, la mujer se ve en la tesitura de tener que curarlo con su amor y sus cuidados.

PD.- La lambisconería en nuestro sistema, más que una práctica degradante, es una condición de poder, un cemento imprescindible sin el cual los regímenes perderían su fortaleza y clientela. En su forma más simple consiste en colmar de lisonjas al poderoso, o mostrarse de acuerdo con todo lo que diga o haga, aun cuando sean tonterías.

PD.- "Sólo las personas que son capaces de amar con fuerza pueden también sufrir grandes dolores, pero esa misma necesidad de amar es lo que les permite contrarrestar ese dolor y así sanar". Liev Nikoláievich Tolstói (1828-1910) novelista ruso. Del texto “La Guerra y la Paz”.

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